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La historia de la fotografía, más que la de cualquier otro medio de producción de imágenes, ha estado signada por la constante innovación en los procesos técnicos que la hacen posible. Ya desde su invención misma, las características de los distintos procesos fotográficos –como el daguerrotipo o el calotipo–, determinaron no solo las características estéticas de las imágenes que producían, sino también los usos sociales de las mismas. Fue por eso, en buena cuenta, que el daguerrotipo triunfó sobre el calotipo. Más adelante, la aparición de la cámara de mano abriría un sinnúmero de nuevas posibilidades expresivas y estéticas. Y su puesta en circulación masiva, operada por el genio comercial de George Eastman y sus Kodak, abriría el universo fotográfico a la práctica casual y cotidiana del snapshot y la foto familiar.

Hoy, todos somos partícipes del modo en que las cámaras de nuestros teléfonos celulares hacen posible una nueva forma, marcada por la inmediatez y, muchas veces, la banalidad, de utilizar la fotografía para expresar y comunicar. Deslumbrados por la novedad, sin embargo, no solemos reparar en todo aquello que hemos ido dejando en el olvido: formatos de película y modelos de cámaras obsoletos, ciertamente, pero también experiencias distintas del acto de fotografiar.

En una suerte de búsqueda del tiempo perdido, Jackie Parisier ha dedicado su trabajo de los últimos años al rescate de algunas de estas expresiones fotográficas olvidadas por el tiempo. “Expired”, el proyecto que aquí nos ocupa, surge del hallazgo, por parte de la artista, de un rollo de película diseñado para el registro aerofotográfico, expuesto, pero sin revelar. Una reliquia, sí, pero también un misterio. Uno que se ahonda aún más con la constatación de que este singular rollo de película, que data de casi un siglo atrás, no contenía, como cabría esperar, observaciones topográficas, sino imágenes que nos hablan de una experiencia personal: paisajes, viajes y amigos captados por el anónimo fotógrafo que las realizó.

Al rescatar este conjunto de visiones perdidas en el tiempo y presentárnoslas en la galería El Ojo Ajeno, Jackie Parisier revive, de una manera sui generis, el sentido del aura de las imágenes propuesto por Walter Benjamin. No el aura del objeto, sino del acto de fotografiar. Frente a la inmediatez y funcionalidad de nuestra relación actual con la fotografía, la artista nos confronta con la maravilla de un mensaje guardado en la botella del azar y librado a las mareas del tiempo. En vez de la transparencia del sentido de la imagen a la que estamos acostumbrados, nos ofrece opacidad e incertidumbre. ¿Quién fue el fotógrafo? ¿Qué lo llevó a usar esta película de un modo ajeno a sus finalidades técnicas y profesionales? ¿Por qué nunca lo reveló?

Las respuestas a estas preguntas permanecerán en el misterio, eso es cierto. También lo es el hecho de que lo que nos atrae de estas imágenes rescatadas del olvido está más allá de las respuestas a esas preguntas. Joan Fontcuberta decía, en su manifiesto postfotográfico, que la función del artista hoy en día, antes que la de crear imágenes, es la de prescribir el sentido de las mismas. Jackie Parisier va un paso más allá y parece decirnos que ni siquiera esa prescripción es necesaria. En un mundo atiborrado de imágenes, quizá lo que necesitamos es no saber tanto, sino darnos cuenta de la dimensión abismal de la creación fotográfica. En “Otras inquisiciones”, Jorge Luis Borges decía que “la música, los estados de felicidad, la mitología, las caras trabajadas por el tiempo, ciertos crepúsculos y ciertos lugares, quieren decirnos algo, o algo dijeron que no hubiéramos debido perder, o están por decir algo; esta inminencia de una revelación, que no se produce, es quizá el hecho estético”. Me atrevo a pensar que es precisamente eso con lo que Jackie Parisier nos confronta en “Expired”: algo que no podemos determinar con claridad, pero que, por eso mismo, nos habla profundamente.

Carlo Trivelli

The history of photography, more than any other means of producing images, has been marked by constant innovation in the technical processes that made it possible. From its very invention, the characteristics of the various photographic processes – such as the Daguerreotype or the Calotype – determined not only the aesthetic characteristics of the Images produced, but also their social uses. It was for that reason that the Daguerreotype triumphed over the calotype. Later on, the handheld camera would open countless new expressive and aesthetic possibilities. And its massive launch, carried out by the commercial genius of George Eastman and his Kodak, would open the photographic universe to the casual and everyday practice of Snapshots and the family photo.

Today, we are all participants in the way the cameras of our cell phones make possible a new form, marked by immediacy and the ordinariness of using photography to express and communicate. Dazzled by novelty, however, we do not usually repair all that we have been leaving in Oblivion: Film formats and models of obsolete cameras, certainly, but also experiences other than the act of photography.

In a sort of quest for lost time, Jackie Parisier has dedicated her work in recent years to the rescue of some of these photographic expressions Time has forgotten. Expired, the project that concerns us here, arises from the discovery, on the part of the artist, of a roll of film designed for recording a Photo Gallery, exposed, but undisclosed. A relic, yes, but also a mystery. One that delves further with the realization that this singular roll of film, dating from almost a century ago, did not contain, as you would expect, topographic observations, but images that recount a personal experience: landscapes, travel and friends captured by the anonymous photographer who made them.

In rescuing this set of visions lost in time and in presenting them to us in the gallery through the eyes of others, Jackie Parisier restores, in a sui generis way, the sense of the aura of images proposed by Walter Benjamin. Not the aura of the object, but of the act of photographing. Faced with the immediacy and function of our current relationship with photography, the artist confronts us with the marvel of a message stored in the bottle of chance and delivered to the tides of time. Instead of the transparency of the meaning of the image to which we are accustomed, it offers opacity and uncertainty. Who was the photographer? What led to use this film in a way that is oblivious to its technical and professional purposes ? Why was it never revealed?

The answers to these questions will remain a mystery, and that is true. So is the fact that what attracts to these images rescued from oblivion lies beyond the answers to these questions. Joan Fontcuberta said, in his post photographic manifesto, that the function of the artist today, before the creation of images, is to prescribe the meaning of the same. Jackie Parisier goes one step further, and she seems to tell us that even that prescription is unnecessary. In a crowded world of images, perhaps what we need is not knowing so much, but realising the abysmal dimension of photographic creation. In “Other Inquisitions”, Jorge Luis Borges said that “to music, the states of happiness, the mythology, the faces worked by time, certain twilights and certain places, they want to tell us something, or something said that we should not have Lose, or are about to say something; This instability of a revelation, which is not produced, is perhaps the aesthetic fact. ” I dare to think that is precisely what Jackie Parisier confronts in Expired: something which we cannot determine clearly, but which, for that very reason, does not speak deeply.

Carlo Trivelli